miércoles, 6 de junio de 2012

Palabras.

Se esconden en medio de cientos de páginas de tono antiguo.
Cada noche, con la inspiración fluyendo en medio de un mar de pensamientos, quedan grabadas con tinta entre unas líneas doradas.
Las palabras que su ser mi inspiran, los recuerdos de los momentos vividos, los sublimes deseos, todos encerrados ahí. Un libro con una carátula somera, sencilla, engañoso a la vista de todos, que guarda cada pensamiento, cada sentir y desear.
Cada noche, al abrigo de la nostalgia y el extrañar, tengo una cita con mi conciencia: llega el momento de decirme unas cuantas realidades, aunque mis esfuerzos por mostrar una apariencia serena durante el día funcionen, en ese momento soy en esencia, con todas mis vicisitudes, también lo bueno.
Y nada en absoluto como él, mi refugio cuando ataca el desánimo o la alegría, como mejor testigo de lo que hay realmente en mi.
Seguirán ahí, a mi sola disposición, pensamientos mios, su valor es incalculable entre ocaso y alba, releerlos para dejarme recapacitar, madurar y mejorar, para enmendar errores.
Hoy, mañana y cada noche, como siempre, me permitiré perderme en el basto mundo de mi ser, y me dejaré ser testigo de lo que mi alma, mi razón y mi mente tienen que decir.
Cada día se sostenta gracias a las experiencias vividas, y cada experiencia se mantiene y resguarda en mis convicciones con el deseo de materializarse en esas líneas que tanto me ayudan a ser yo misma.
Palabras, tan sólo palabras, pero que son mi esencia, parte de mí.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Días largos, sin él.

He paso tiempo sin saber de él, pero a medida que las cosas avanzan, una mínima ausencia se vuelve gradualmente más considerable, se hace sentir con mayor fuerza.
Los días se tornan eternos e insoportables, y hay una rutina asquerosa que cumplir al levantarme de la cama, más quisiera quedarme entre las sábanas y dormir muchas horas hasta volver a escucharle.
Y me digo a mi misma: serenidad, estáte tranquila y en paz.
Y hago por aquí y por allá, muevo esto y aquello.
No, definitivamente no, cuando la mente y el corazón dictan lo opuesto a las funciones motrices, y ya de por sí es inusual que mente y corazón estén de acuerdo en algo, es indiferente qué hagas: puedes correr una maratón, hacer zapping por horas recorriendo cientos de canales de TV, escuchar cientos de canciones, ver miles de rostros en absoluto similares, etc... Es igual, todo da igual, la concentración y la tranquilidad se disipan, nada te distrae ni te concentra en algo distinto por más de cinco minutos.
No hay excusas ni coincidencias, sinceridad ante todo contigo misma querida amiga, lo que tienes realmente es una necesidad inmensa de escuchar esa voz, su risa y sus bromas, no piensas en él porque todo te lo recuerde, piensas en él por la simple razón de que todo en ti quiere evocar su recuerdo.
Y que me digas que ayer no estabas a punto de quedarte sin uñas, a punto de romper tus sábanas, de romper una vajilla entera, sabes que es un engaño absurdo, no pudiste conseguir algo de calma hasta recibir uno de sus mensajes.
Desenfrenada, desesperada, al borde de la demencia, todo porque le echas de menos.
Fue bueno sincerarme, nunca lo negaré, todo esto pasa porque le extraño.
Sí, en definitiva su ausencia transforma mi mundo, paraliza mi mente, desvoca mi desesperanza y mis deseos de saber algo que esté relacionado con él.
 Y pensar que puedo reducir todo este "revolutus" que me mantiene insoportable en estos días a una única y exclusiva razón: él.
Lo acepto, soy un desastre si no estás conmigo.

sábado, 19 de mayo de 2012

Y la verdad es que.....

No soy especial en absoluto, carezco de facultades extraordinarias y tampoco soy un alma cándida, reflejo de la bondad más pura.
Todo lo contrario, soy imperfecta, llena de defectos, falta de muchas virtudes. Pero sé también que estoy llena de singularidades, de detalles propios, cosas que me pertenecen por el hecho de ser yo, por mi deseo de autoafirmación.
Y es el punto, en esta vida y en cualquier momento y lugar, realzar nuestras singularidades, potenciar nuestra autenticidad, lo que realmente nos hará únicos y especiales, lo que nos separara del rebaño social mediocre.
Lo más importante es poder, tener la capacidad de aceptar la singularidad de los demás en la medida en que estos respetan la nuestra.
Nuestras peculiaridades nos hacen ser quienes somos, aceptarnos es solo el primer paso de un arduo camino hacia la verdadera e inequívoca senda de la  sincera y única satisfacción personal.
Por eso, vivamos el presente, que las aristas del pasado, que rasgan nuestros sentimientos y nuestra tranquilidad, se pierdan entre el polvo del ayer; que lo que antes nos hacía caer y desfallecer, hoy sea el motivo de nuestra fortaleza y de nuestro eterno levantar.
Perdonar es la clave para combatir el rencor que carcome la conciencia; el perdón es la señal de que somos capaces liberar a nuestra alma de cargas innecesarias e hirientes.
Despreocuparse de aquello que ya no podemos remediar, y no machacarnos por aquello que pensamos jamás seremos capaces de hacer nos ayudará a vivir el día a día de forma plena.
Es mejor levantarte cada día con la certeza de que darás todo de ti para mejorar, que despertar reclamándote por aquello que se te escapó o que no hiciste o no dijiste. En su lugar, prefiero actuar en su momento y en su lugar. Muchos años reprimiendo mis verdaderos deseos me demostraron que cuando actúas para demostrar ante otro, y no ante ti mismo, de lo que eres capaz, acaba dejando una eterna duda en tu mente y una insatisfacción casi perpetúa: "es esto realmente lo que me hace feliz?".
Ya no siento más miedo de decir "te quiero", "te extraño", "te necesito a mi lado"; porque hoy importo yo, más que nunca en mi vida. Sí, lo acepto, no soy lo que el mundo espera, pero tampoco el mundo cumple todas las expectativas para todos y cada uno de nosotros.
Es mejor sacar de nosotros lo que nos daña y desecharlo, poder exteriorizar lo bueno y luchar por aquello que nos hace feliz, por todo cuanto representa nuestra felicidad.

jueves, 10 de mayo de 2012

Esperándote

Me recosté sobre la superficie de la cama, abracé mi almohada, como suelo hacer, y cerré mis ojos en un intento de olvidar todo el estrés acumulado a lo largo del día, era momento de conciliar el sueño que me parecía tan necesario a esa hora.
Sentía los músculos tensos y, a pesar del cansancio que recorría cada centímetro de mi cuerpo, me estaba siendo muy difícil dejar ir mi mente, permitirle perderse entre el mar de pensamientos de la inconsciencia.
No recuerdo cuántas veces desperté entre dormida, anhelando sentir tu calor junto al mío; no se exactamente cuántas lágrimas cayeron sobre mi almohada al no poder sentir tus labios suaves, al desear poder dibujar sobre tu piel con mis dedos mientras tus manos se perdían sobre la mía.
Y en ese momento quise dormirme profundamente y poder sentirte real  junto a mí, quise quedarme viviendo en un sueño en el que estabas a mi lado sin miedo a cerrar mis ojos y despertar contemplando tu ausencia; ansiaba desesperadamente poder tener un atisbo de tu a liento junto al mío.
Pero tuve que conformarme con seguir abrazando mi almohada, enjugar las lágrimas y esperar a que el real cansancio venciera a mi terco desvelo, para poder acabar con la noche lo antes posible y poder ver de nuevo la luz del día, de un nuevo día en el que seguiré esperando por ti. 

viernes, 13 de abril de 2012

Entre dos


Le confeso sus sentimientos, solamente tuvo que emitir un breve suspiro,
e intuyo lo que en su interior habitaba, lo que su fuero interno atesoraba ferreamente.
No faltaron las preguntas, las respuestas se hicieron obvias en unos ojos apagados;
Todo comenzó en un dia nada especial, no quiso medir las consecuencias de sus actos,
la emocion del momento la empujo hacia el paraje emocional en que hoy sucumbe.
La alegría le invadió de forma absoluta, pero no pensó en el momento en que se veria frente a la realidad,
hacerle conocedor de que todo se habia transformado, que se habia convertido en alguien imprescindible en su vida, alguien dificil de perder.
Pero el la conocia mejor que nadie, presentía todo cuanto sucedia; 
no quiso emitir palabra alguna, simplemente la estrecho entre sus brazos.

martes, 3 de abril de 2012

Lluvia de abril.

Me gusta sentir la lluvia de abril, el refrescar de la brisa que compensa someramente el calor estival.
Cierro mis ojos en el balcón y nos veo: noche de junio, lluviosa también. Recuerdo tu negativa al principio, no te agradaba la idea de salir con la lluvia exterior; recuerdo esa insistencia mía, siempre tan excéntrica, nada común. Recuerdo haber pensado que no importaba, solo se trataban de gotas de agua. Pero tu, por no decirme que no, aceptaste.
Cena y apuesta juntas, ambos tan competitivos como siempre. Un par de fotos, tu rostro se iluminaba con una sonrisa que me estremecía interiormente; si era mi mente la que quería verte así no lo se, pero me conmovía el ver tanta felicidad en tu ser, el ver que era yo quien compartía ese instante contigo.
Minutos mas tarde, quizá horas, quien sabe, abandonamos el lugar, tomamos rumbo a casa. La espontaneidad nos desvío de rumbo, y los dos, cual imagen nada real, comenzamos a vagar por las calles en medio de la lluvia, hablando y riendo, mientras las gotitas se resbalaban sobre nuestros cuerpos, mientras nuestras manos se entrelazaban, mientras nuestras bocas se fundían en una.
Recuerdo vernos andar, tu dirigías mis pasos, yo me dejaba llevar, mis manos rodeando tu cuello, tus brazos sujetando mi cintura, tu rostro frente al mio, no abandonaba el calor de tus labios.
Recuerdo sentir la plenitud, la tranquilidad que solo tus brazos han sabido transmitirme; recuerdo los deseos de estar pronto juntos en la intimidad de nuestra soledad, perdidos entre nuestros propios cuerpos, demostrando con cada sutil caricia que somos el uno para el otro.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Momentos como esos en que...

Son momentos como esos, momentos en los que el frenesí invade tu ser;
son instantes en que necesitas hacer de todo, en los que la inquietud reina;
se apodera de tu mente y raciocinio ese deseo único,  
deseo de escuchar sus palabras, de escuchar esa voz.
Son momentos como esos, momentos en que nada mas existe,
instantes en los que nada mas importa, en los que abandonas todo;
y esa sensación de no saber estar, de no poder centrarte en lo que deberías,
solo una cosa puede controlar la creciente inconstancia.
Son momentos así, momentos que te invaden sin preámbulos;
momentos que afloran de la sinceridad de tus esperanzas, 
que escapan al entendimiento general, se instauran en el órgano frenético al que dan vida,
al que impulsan con cada palpitar, con cada sentimiento que le permiten generar.
Son momentos como esos, momentos en los que ves fijamente al horizonte,
no puedes encontrar nada mas, no puedes visualizar algo distinto:
eres consciente que tus ojos jamas verán algo diferente,
sabes a la perfección lo que anhelas, tu razón de ser.
Son momentos como esos, por los que merece la pena levantar la mirada tras el dolor,
por los que te despiertas tras el amanecer, por los que dejas todo;
momentos por los que quieres cada día ser mejor, por los que amas y te entregas,
por los que eres en esencia, por y para ese alguien que te regala la vida con cada te amo.